El aroma del mastranto y “La clase dividida”

Este es un fragmento del libro EL AROMA DEL MASTRANTO, que escribí con ocasión de mi viaje a Venezuela con mi hija en Agosto de 2.012.
En él, intento establecer un paralelismo entre el experimento conocido por el nombre de “La clase dividida” y la situación de odio y división social que existe entre los venezolanos.
EL AROMA DEL MASTRANTO (Fragmento)
(…) Independientemente de que los venezolanos pobres hayan sentido siempre alguna animadversión por la clase pudiente (cosa con la que no estoy del todo de acuerdo), creo que si el señor Chávez ha estimulado ese sentimiento, no ha sido necesario que los pobres lo hayan tenido previamente, es decir, que no hacía falta su preexistencia, su existencia previa. Si tu le muestras a una persona el camino del odio, del desprecio a otro, no hace falta que exista una razón previa que lo justifique. Piensen en el caso del odio irracional de Hitler hacia los judíos, que llevó a la matanza sin sentido de millones de seres humanos; o en los postulados absurdos del Ku Klux Klan en Estados Unidos, que creen en la inferioridad innata de los negros.
Sin ir muy lejos, tenemos un experimento que hizo una maestra de escuela con sus niños en clases en Estados Unidos para demostrarles lo que era el odio racial y sus consecuencias. La maestra dividió un día a los niños por el color de sus ojos. Para el experimento hubiera resultado lo mismo si los divide por el color de los ojos que por el color del pelo, por el color de sus zapatos, por su forma de caminar, o por cualquier otro elemento aleatorio semejante. El asunto era dividirlos por alguna cualidad que los hiciera sentir diferentes, distintos entre sí. Una vez hecha la división en dos grupos; los de ojos azules y los de ojos marrones, les dijo, el primer día, que ese día los de ojos azules tendrían una serie de privilegios que los de ojos marrones no iban a tener porque durante ese día los de ojos azules serían superiores a los de ojos marrones. Tales privilegios iban desde tener mayor descanso en el recreo, beber el agua en mejores vasos, sentarse en lugares privilegiados, tener mayores áreas de recreo y esparcimiento, y otras semejantes que ahora no me vienen a la mente. Al segundo día hizo lo contrario, los niños de los ojos marrones serían los que tendrían los privilegios mientras que los de ojos azules serían los discriminados. ¿Os imagináis cuáles fueron los resultados? Bueno…, pues ya os lo digo yo. Que logró transformar en una sola clase a niños angelicales en seres que despreciaron y humillaron a sus propios compañeros. La conducta de los niños cambió dramáticamente, tanto, que incluso el propio experimento ha sido severamente cuestionado, aun y cuando al tercer día todos los niños supieron que tenían que asumir sus puestos de iguales como siempre, y que no se debía considerar que nadie sea inferior a otro por una cualidad tan fútil como el color de los ojos. Muchos años después, ya en su edad adulta, los niños que participaron en este “sencillo” experimento, se reunieron a ver el video juntos y a comentar la forma en la que tal experiencia había influido en sus vidas.
Trasladando esto al tema de los pobres en Venezuela, las consecuencias son iguales. Si les das razones para menospreciar a sus semejantes por el hecho de ser ricos, o de pensar de una forma distinta a las suyas, estarás haciendo lo mismo que hizo Hitler con los alemanes en su tiempo, o como en el ejemplo de la maestra y sus alumnos; haciendo nacer en ellos una justificación para el menosprecio, para el odio gratuito y sin sentido.
(…)

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