LA MASACRE DE CANTAURA

La orden para consumar la masacre de Cantaura, en la que se ejecutó a veintitrés personas el 04 de octubre de 1.982 en el Estado de Anzoátegui, al oriente de Venezuela, se produjo así:
Cuando las manecillas del reloj marcaban exactamente las cuatro en punto de la madrugada, el edecán de mayor confianza y cercanía del que para entonces era presidente de Venezuela, entró a su habitación muy sigilosamente, se acercó con mucho cuidado hasta su lado en el borde izquierdo de su inmensa cama, y lo llamó así:
––Señor presidente…, señor presidente…
El presidente era un hombre gordo de cabeza blanca, tremendamente parecido a un cerdo. Se llamaba Luis Herrera Campins.
El gordo entreabrió los ojos, miró de reojo al edecán y murmuró con enfado:
≪A perro huevero ni que le quemen la trompa≫
Y habló así porque tenía el extraño hábito de hablar citando dichos populares.
––Usted perdone señor presidente… ––dijo el edecán nervioso, tragando saliva y suspirando con dificultad––; se trata de una urgencia.
––Hable ahora o calle para siempre ––dijo el gordo incorporándose fatigosamente sobre el espaldar de la cama, a la vez que extendía el brazo para asir el sombrero que siempre dejaba colocado sobre su mesilla de noche.
––Pues verá… ––continuó hablando el edecán––; ha llegado la información de que un grupo de cuarenta y un guerrilleros del autodenominado “Frente Américo Silva” se encuentra ahora mismo acampado en las cercanías de Cantaura.
El presidente abrió los ojos enormemente, se incorporó de su posición en la cama, y se levantó como impulsado por un resorte.
––¡Coño! —exclamó sorprendido— ¿Y entonces?
El edecán continuó hablando.
––Cuatrocientos cincuenta efectivos, cuatro aviones y dos helicópteros cargados de bombas están esperando su autorización para lanzar el ataque.
—¿Solo eso? —preguntó el presidente con ironía.
El edecán no contestó.
El presidente se quedó en silencio durante unos segundos que parecieron eternos. Sabía que en su mano estaba la vida de aquellas personas. Caminó despacio hasta una de las dos ventanas de su habitación, la más alejada de su cama. Subió la persiana de seguridad y miró a través del cristal blindado hacia la calle desierta y oscura. Después de un largo rato, inspiró profundamente, y con el suspiro de vuelta dijo:
––Bueno… ¿y a qué estamos esperando? Vamos a meterle candela a ese rancho (una expresión típica venezolana que quiere decir que hay que ponerse a hacer algo inmediatamente).
(Fragmento del libro EL AROMA DEL MASTRANTO)
De venta en Amazon
http://www.relinks.me/B00LLJW8P4

image



Opiniones

(AMAZON ESPAÑA)

flassssssssssssssssssssssssssssssssssss


 

(AMAZON EEUU)

OPINION AMAZON COMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM


 

(GOOGLE PLAY)

OPINION GOOGLE PLAYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYY



También puedes dar una mirada al resto de mis libros en Amazon:



 


 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s