¡Mi hija ha desaparecido!

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El 15 de noviembre de 1.977 desapareció Megumi Yokota, y desde entonces sus padres no la han vuelto a ver. Contaba por entonces con la edad de 13 años. Vivía en la ciudad de Nigata, frente a las costas del Mar de Japón. Un suceso que dejó una huella de estupor y angustia en la vida de decenas de personas que nunca entendieron qué pudo suceder, pero sobre todo en la de sus progenitores que desde entonces buscaron una explicación.

Haciendo investigación para complementar la estructura de mi última novela LAS BALADAS DEL CIELO, me encontré con esta impactante y brutal historia. No pude evitar ponerme en la piel de aquellos padres. Que tu hija desaparezca repentinamente sin dejar pista alguna debe ser salvajemente horrible. Una forma de martirio que solo podrían soportar mentes muy fuertes.

Aquellos padres no se quedaron de brazos cruzados. Comenzaron una titánica lucha por saber qué le había ocurrido a su niña, dónde estaba, si aún vivía, etc. Tras veintitrés años de esfuerzos, investigaciones y especulaciones, llegaron las primeras noticias ciertas. Megumi Yokota había sido secuestrada por el régimen de Corea del Norte, enemigo asiduo de Japón. ¿Con qué finalidad? Solo ellos lo sabrán. Según se dijo, en aquel tiempo necesitaban reclutar personas que enseñaran la lengua y la cultura japonesa a sus propios espías. ¿Se puede ser más retorcido?

Y las noticias llegaron de boca de una terrorista norcoreana que junto a otro como ella pusieron una bomba en un avión comercial que estalló en el aire, matando a todos los pasajeros y su tripulación, 115 personas en total. Según contó después, Megumi había sido su maestra de lengua y cultura japonesa.

Pero Megumi nunca volvió. El régimen norcoreano informó que había muerto. Enviaron a sus padres unas pocas fotografías de ella y lo que se suponía debían ser sus cenizas. Hechas las pruebas de ADN, los resultados mostraron que no eran de Megumi. La incertidumbre continuaba y aún hoy sigue viva.

Esta historia me impactó tanto que decidí incorporar parte de ella a mi nueva novela, haciendo una mezcla de ficción y realidad, como en todas las que tengo escritas. Mis lectores lo saben bien. A través de mis personajes, pude llegar hasta Megumi, vivir con ella en Corea del Norte y sentir su desazón por el cambio involuntario de vida al que fue sometida. Y en mis palabras, llevé consuelo a su espíritu atormentado, y también al de sus sufridos padres.

Es por eso que quise dedicar mi novela a ellos. A los padres de Megumi Yokota; héroes involuntarios de una salvaje agresión gratuita.


Fotografía de Megumi antes de su desaparición

FOTO DE MEGUMI


Animación donde se narra la historia de Megumi:


Los padres de Megumi mostrando sus fotografías

padres de megumi


Ha sido tanto el revuelo que ha causado esta historia en Japón, que hasta una película se ha filmado en la que se narra la historia completa de lo ocurrido. Este es el trailer promocional:


El Ministerio del Interior Japonés ha creado una web especialmente donde se maneja todo el tema de las desapariciones.  Para ingresar a la página haz clic AQUÍ

Página oficial


Artículo del diario español EL PAÍS, del 22 de Julio de 2.010

Artículo del País


Artículo del diario INTERNACIONAL PRESS DIGITAL

Artículo del PRESS DIGITAL


Este es el trailer promocional de mi libro LAS BALADAS DEL CIELO:


Para leer los primeros capítulos de LAS BALADAS DEL CIELO clic sobre la imagen:

Portada LAS BALADAS DEL CIELO


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Franklin A. Díaz Lárez

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6 comentarios en “¡Mi hija ha desaparecido!

  1. Pobre niña y pobre padres… Creo que no se encuentra a los niños perdidos porque la comunidad internacional no se ocupa como debería, a los simples mortales nos queda difundir y cuidar a los que están a nuestro alcance.
    Felicitaciones por el libro, un saludo desde Argentina.

    Le gusta a 1 persona

  2. Qué triste… nefasto para un niño y para sus padres. No debe haber dolor más grande e inexplicable.
    La literatura nos permite expresarnos y poner nuestras palabras en historias ajenas para gritar lo que no ha sido dicho, para ponernos en el lugar del otro, para hacer justicia al menos desde las emociones.
    Gracias por compartir esta historia.
    ¡Abrazos!

    Le gusta a 1 persona

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