Cartas para un hermano inmigrante (Carta primera: “Reflexión y decisión”)

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Cartas para un hermano inmigrante.

Carta primera: “Reflexión y decisión”

“No nos bañamos dos veces en las aguas del mismo río” (Heráclito)

Querido Gustavo:

Acabo de leer tu carta y te confieso que me he quedado un poco preocupado. Dices, nada más y nada menos, que quieres emigrar, dejarlo todo atrás para iniciar una nueva vida en otro lugar del mundo diferente.

Supongo que antes de decidirte a escribirme esas cosas, lo habrás pensado muy bien, quiero decir, que tu decisión no es fruto de un arrebato emocional momentáneo, de una rabieta pasajera o de una dificultad temporal de la que quieras escapar.

Solemos asociar los problemas con el lugar donde vivimos, sin darnos cuenta de que la tierra, como materia inerte que es, no tiene ninguna clase de culpa por lo que ocurre sobre ella.

Te digo esto porque en una ocasión me ocurrió algo así. Quizás recuerdes cuando andaba de amores con aquella chica llamada Josefina. Por aquellos días, su pueblo me parecía un paraíso terrenal; los pájaros cantaban alegres, la brisa fresca de las mañanas acariciaba mi rostro con dulzura, las praderas, bosques y arroyuelos lucían espectaculares bellezas y colores, y la gente reía alegre, feliz. Todo era felicidad; aromas, sonidos, colores y sensaciones. En cuanto terminamos nuestra relación, todo cambió radicalmente. Nunca más escuché los pájaros cantar; la brisa me  molestaba sobremanera, solo servía para irritarme los ojos y alborotarme el pelo; el calor se me hacía insoportable; los bosques, riachuelos y praderas pasaron a ser lugares grises, lúgubres, feos y muy peligrosos; y la gente, en lugar de andar siempre sonriendo, desde entonces comenzó a andar amargada, obstinada e insoportable. La realidad exterior cambió con la misma rapidez y de igual manera que mis estados de ánimo.

Parece ser que todo depende de la forma como vemos las cosas, “del cristal con que las miremos”, como se suele decir. Los lugares están allí, y seguirán estando en sus mismos sitios por muy graves, traumáticas u horribles que sean las cosas que nos hayan ocurrido sobre ellos. Muchas veces resulta imposible disociar trauma con lugar. Pensamos que alejándonos físicamente dejaremos también atrás el dolor sufrido. Rechazamos de manera instintiva todo aquello que nos hace daño, y todo lo que nos lo recuerde. Es una manera de apartarnos del sufrimiento, perfectamente comprensible.

No sé cuáles serán las razones que te han llevado a tomar tu decisión. En todo caso, a mí no tienes por qué darme explicaciones. Tampoco te las estoy pidiendo. Ese es un asunto que solo a ti compete. Sin embargo, ya que pides mi ayuda y orientación, me siento obligado a comenzar apelando a la reflexión necesaria que has debido tener antes de tomar tu determinación. Eres tú mismo, y nadie más, quien tiene que saber si está o no seguro del paso que quiere dar. No vaya a ser que se trate de un arrebato emocional pasajero y que después te vayas a arrepentir.

Piensa que una vez que hayas avanzado en tu camino ya nada será igual. Todo cambiará en tu vida, para bien o para mal. “No nos bañamos dos veces en las aguas del mismo río” dijo en una ocasión Heráclito, un filósofo griego.

No quiero que pienses que con mis palabras esté tratando de influir en tu decisión. Nada más alejado de la realidad. He pasado por lo mismo que tú quieres pasar ahora. He transitado los mismos caminos. Me gustaría que tomaras lo que te digo como sutiles sugerencias, no como imposiciones de lo que tienes o no que hacer. No soy quien para darte directrices. No es lo que pretendo.

Lo que sí me gustaría es que tuvieses en cuenta que muchas veces las emociones ciegan el entendimiento.

Recuerda aquella vez que llegaste a casa dando saltos de emoción diciendo que habías encontrado el negocio más rentable del mundo. Después que te hice tan solo un par de preguntas, ya no lo veías tan fabuloso. Estaban tratando de timarte, y si no hubiese sido porque te detienes a pensar y reflexionar, habrías perdido todo tu dinero.

Antes de seguir mirando hacia adelante, te sugiero que te detengas por un instante a pensar en lo que dejas atrás. No me refiero a lo material, que también. Ese no es el mayor de tus problemas. Lo material va y viene sin cesar. Hoy puede que tengas decenas de propiedades y mañana, ninguna. El futuro, en ese sentido, siempre es incierto. Lo que no es incierto son los sentimientos, las emociones, las relaciones sociales. Eso es algo que siempre estará allí, aunque no lo puedas ver.

Pregúntate cómo se van a quedar los de tu familia que dejas atrás ¿O piensas emigrar con todos ellos? Y si tu decisión es emigrar solo, ¿cómo crees que se tomarán la noticia? si es que aún no se las has dado ¿Has pensado ya en cómo manejar esa situación?

Es muy importante que no cierres los ojos a esa realidad, no vaya a ser que por no arreglar esos temas antes de partir luego vayas a llevar una vida de arrepentimiento.

Creo recordar que tenías perros y gatos ¿Ya has pensado lo que vas a hacer con ellos? ¿Los vas a llevar contigo también?

No te puedes quitar de encima lo que eres, de un día para otro, y dejarlo colgado en una percha del olvido entre las cosas que quieres dejar atrás. Los humanos no funcionamos así. Más que un cúmulo de carne y huesos, somos un compendio complejo de multitud de sentimientos que determinan nuestra identidad, conductas y comportamientos. No existe goma de borrar capaz de hacer desaparecer eso. Tienes que tener muy en cuenta estos aspectos en tu decisión.

Querido Gustavo, quisiera que tuvieses muy en cuenta esto que te quiero decir:

Tú formas parte de un equipo. Todos, de alguna u otra manera, formamos parte de un engranaje. Somos miembros de un grupo invisible, pero real. Dentro de esa estructura tenemos un papel, cumplimos con una función. Ese engranaje inmaterial es nuestro mundo social, estructurado no solo por los miembros de nuestras familias, sino también por amistades y conocidos. Cuando abandonas el puesto, falta esa pieza que tú eras. Todos comenzarán a echarte en falta. Los que sienten más afecto por ti sufrirán un dolor inmenso por tu partida, sin embargo, tarde o temprano lo superarán y te sustituirán. Nadie es indispensable.

Para ti, esta nueva situación no será nada fácil de llevar, al contrario. La sensación de pérdida se convertirá en dolor, en un sufrimiento terrible que tendrás que superar. Se le conoce con el nombre de “duelo migratorio”. Es parecido a la pérdida de un ser querido. Se trata de un sentimiento de vacío, de desazón, de descolocación.

Querido hermano, créeme cuando te digo que no te quiero quitar las ilusiones. Lo que sí quiero es que pienses muy bien lo que vas a hacer antes de seguir adelante, que mires todos los pros y los contras de tu decisión, que reflexiones, que medites.

Para despedirme quiero que tengas muy claro esto otro que te voy a decir:

Si lo que quieres es que te apoye y aliente tu decisión con los ojos cerrados, aún sabiendo que te puedes estar equivocando, conmigo no cuentes. Eso no lo voy a hacer jamás. En lo único que te puedo ayudar es hablándote desde la razón. Te puedo orientar en todo lo que significará para ti el proceso de la migración, las opciones que tienes, las posibilidades reales, etc. También en todo lo que tiene que ver con la parte legal. Ya sabes que además de abogado soy especialista en temas migratorios.

Ahora bien, si lo que necesitas es quien te empuje por abismos y precipicios apelando al esperpento ilógico ese del “todo es posible”, desde ya te digo que te busques a otro. Para eso mejor te lees alguno de los cientos de libros absurdos de autoayuda que ahora mismo tan de moda están, en los que explican que lo único que tienes que hacer para alcanzar tus metas y objetivos es desear algo muy intensamente y acostarte en tu cama a esperar a que te caiga del cielo. Para todo lo demás que no tenga que ver con esas estupideces, aquí me tienes.

Medita muy bien sobre todo lo que te he dicho, y una vez que tengas tus ideas claras, o si ya estás convencido de que las tienes, seguimos hablando.

Un abrazo.

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