No estamos haciendo NADA

 

La búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres, está encontrando en nuestro tiempo reflexiones que se acercan de manera, cada vez más osada, a las raíces reales y profundas del problema.

Cada vez más, metemos la cabeza por la ventana de ese foso oscuro, horrible y profundo que son los convencimientos erróneos sobre cuyos pilares hemos construido nuestras sociedades, y cada vez son menos tímidas las voces que gritan lo que es una realidad innegable. Una aberración cultural que desde inmemoriales tiempos nos acompaña. Un sello indeleble que nos estampa nuestra cultura desde el momento mismo de nuestro nacimiento; el convencimiento profundo de que el sexo femenino es inferior.

Una de estas voces es la de la escritora y periodista Rosa Montero. En un artículo publicado el pasado 27 de enero en el diario El País, citó un estudio presentado por el neurocientífico David Eagleman, en su libro Incógnito, para demostrar, con datos estadísticos, que los hombres somos mucho más violentos que las mujeres. La muestra hace referencia a los habitantes de los Estados Unidos. Se dice, por ejemplo, que el número de agresiones con daños físicos graves cometidas por hombres es de 3.419.000; mientras que el de las mujeres, de 455.000. Otro dato es el del número de robos a mano armada: hombres, 2.051.000; mujeres 157.000. Otro, la agresión sexual: hombres, 442.000; mujeres, 10.000. Homicidio: hombres, 14.196; mujeres, 1.468. Se incluye también un elemento porcentual; el de las personas que están en el denominado “corredor de la muerte”: hombres, 98,4%.

Después de hacer un breve análisis de los datos de Eagleman, la periodista llega a la conclusión de que, según ella, el cambio está en camino. Para ello trae a colación los comentarios, en su gran mayoría contrarios al machismo y hechos por los propios hombres, respecto a un cartel colgado en su muro de facebook que decía:

“Si hay un niño borracho en medio de cinco mujeres borrachas no va a ser violado. Fin del comunicado.”

Se pregunta uno cosas como estas:

  • ¿Verdaderamente estamos cambiando?
  • ¿Están sirviendo de algo las cosas que hacemos para luchar contra la lacra del machismo y la violencia de género?
  • ¿Estamos teniendo buenos resultados?
  • ¿Podemos tener fundadas esperanzas de que vamos por el buen camino?

No lo sé. Tengo mis dudas, bastante serias.

No hay que irse a los Estados Unidos para conocer cifras horribles de este drama tan trágico. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística de España (INE), en nuestro país, del total de 406.327 delitos que se cometieron durante el año pasado, 326.764 fueron cometidos por hombres, y 79.563 por mujeres. En términos porcentuales la cifra es de 80,42% para los hombres, mientras que para las mujeres es de 19,58%. De cada diez delitos que se cometieron, 8 lo fueron por hombres.

Aunque las cifras varían según el tipo delictivo que se trate, no existe un solo renglón en el que los hombres no hayamos superado a las mujeres ampliamente.

Para muestra, estos datos:

viviviviviv

(Fuente: http.//ine.es)

La pregunta es:

¿Por qué no nos alarman estas cifras todo lo que deberían hacerlo?

O esta otra:

¿Por qué no nos damos cuenta de que el problema es, en realidad, infinitamente más grave de lo que parece?

No lo entiendo.

Vivimos quejándonos de la violencia machista, de la violencia de género, pero no somos capaces de meter la cabeza completa, con los ojos bien abiertos, en el foso profundo de donde emana esa terrible enfermedad, para diagnosticarla de manera correcta y precisa.

Invitaron al entonces Fiscal General del Estado español a participar en la 16ª Conferencia anual de la I.A.P. que se celebró en Seúl en el año 2011. Participó con una ponencia que tituló: “Crímenes de Discriminación”.

Y como siempre hace todo el mundo, centró su atención en las consecuencias superficiales del problema y no es sus causas y raíces profundas. Se puede entender la posición del Fiscal por el lugar que ocupa en el aparato del sistema judicial español. Su trabajo se centra en el tratamiento del problema una vez que ha ocurrido, no antes. Sin embargo, con eso no hacemos nada. Paños calientes para una enfermedad gravísima.

Tenemos que atacar el problema desde su raíz. Y eso tenemos que hacerlo ya, ¡ahora mismo! No sé a qué estamos esperando.

La violencia innata de la masculinidad es un elemento intrínseco de nuestras estructuras culturales. El ejemplo más claro lo encontramos en las religiones. No hay religión que no sea machista, que no esté construida en torno a la adoración de un Dios y no de una Diosa, de un líder y no de una lideresa. Los musulmanes tienen a Alá como Dios, y a Mahoma como líder espiritual. Los católicos adoran a Jehová y a Jesús, y tienen un Papa como director de su iglesia. No permiten a sus mujeres oficiar misas. Los Judíos aman a Yahvé y a Abraham. Los budistas tienen a Buda. Los sufistas a Rumi.

Mientras no “deconstruyamos” el conjunto entero de los cimientos sobre los que reposan nuestras culturas, difícilmente podremos comenzar a ver resultados reales.

Seguimos, y seguiremos por muchísimos años más, considerando que las mujeres son seres inferiores, por mucho que de la boca para afuera digamos, como en efecto a diario decimos, otra cosa completamente distinta. En realidad, no estamos haciendo nada. Para qué nos vamos a engañar.

Franklin Díaz.-

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