Al maestro Enrique Laso

nocheoscura

Querido maestro:

Hace poquísimas horas me enteré que te habías ido. Dicen que tu partida ha sido voluntaria. Nadie debería criticarte por eso. Se ha cumplido tu voluntad. Eso es lo que importa. Has hecho lo que has querido ¡Tenemos que respetarlo!

No hay reproche de ninguna clase, maestro. Lo que sí hay es dolor, mucho dolor. Este inmenso sufrimiento que dejas con tu partida es muy difícil de asimilar.

Aún no me lo creo. Y creyéndolo, es tremendamente duro de aceptar.

Para que tú veas maestro, que la gente se engaña. Quién iba a decir que tenías ya tu decisión tomada cuando te veíamos tan feliz en esas últimas fotos que publicaste de tu viaje a Nueva York de este año, con esa hija que tanto adorabas.

Te vas sin irte maestro. Te quedas aquí conmigo y con todos los que te admiramos. Esa llama con la que iluminaste nuestro entendimiento, brillará ahora con más fuerza que nunca.

Así como la luz del sol vence a la oscuridad en cada amanecer, asimismo irá creciendo la grandeza de tu legado, maestro. Nadie dude nunca de eso.

De momento soy yo el que se ha quedado a oscuras maestro. Tengo que superar la larga y horrible noche de tu ausencia, y no es nada fácil de llevar, créeme.

No te molesto más, maestro. Me despido de ti agradeciendo a la providencia por haberte conocido.

Aquí te llevo, maestro. Aquí estarás para siempre conmigo.

Tu amigo:

Franklin Díaz.-

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