¿Reforma constitucional o nueva Constitución?

Reforma-constitucion

España no necesita de ninguna reforma constitucional, sino de una nueva y auténtica Constitución.

La Constitución vigente adolece de un importante déficit democrático derivado de sus propios orígenes. El pueblo español no eligió en su momento una genuina “Asamblea Constituyente” para crearla. Un grupo de políticos, legitimados por el languideciente y moribundo orden jurídico franquista, se erigió en constituyentista y dijo:

«¡Heme aquí! ¡Yo soy el Poder Constituyente! ¡Voy a crear una nueva Constitución!».

Y se pusieron a trabajar en ello.

Eso fue así de sencillo. Se “tiraron al monte”, como me ha parecido haber oído decir a alguno por allí. Crearon un grupo de normas compiladas en un solo texto al que pusieron el nombre de “Constitución”.

Cualquiera podría decir:

“El pueblo español ratificó a través de un referéndum lo que hicieron aquellos. En consecuencia, sí que estamos en presencia de una auténtica y legítima Constitución.”

Y luego voy yo y me pregunto:

Pero ¿cómo no lo iban a ratificar?

Habrían ratificado lo que les hubiesen puesto por delante.

¡Estaban saliendo de una dictadura! De lo que se trataba no era tanto de lo que venía ahora como de la ruptura con lo anterior.

Pero no estuvo del todo mal el trabajo que hicieron los autoproclamados constituyentistas. Hay que reconocerlo. Lograron escabullirse de las póstumas órdenes del fallecido régimen, y crear los pilares de un nuevo Estado con grandes apariencias democráticas.

Sin embargo, a las cosas hay que llamarlas por su nombre. La Constitución española es un horrible monstruo que no permite que nadie se le acerque, a no ser para organizar sus vestiduras o maquillarlo un poco para disimular así su extremada fealdad. Un furioso perro guardián a sus pies lo cuida y lo protege a toda hora; el Tribunal Constitucional. Y sus hijos, los tribunales ordinarios, le sirven, obedecen y rinden pleitesías.

Las cosas como son; lo que mal empieza, mal termina. No se le pueden poner diques al mar. Tarde o temprano el soberano iba a reaccionar, y ya lo está haciendo. Los sismos comienzan a sentirse. El animal comienza a zarandearse. La camisa de fuerza que le colocaron no es suficiente para contenerlo.

El pueblo español quiere, y sobre todo ¡necesita!, de una auténtica Constitución. Una norma suprema emanada del Poder Constituyente originario que habita en sus entrañas. Un animal que brote directamente de ellas. Quiere y necesita tener un parto directo, un hijo propio. No la creación mental de unos pocos iluminados a la que después haya que adoptar si quieres y si no quieres también.

El pueblo quiere un reflejo fiel de lo que Él es.

Habrá quienes teman que el soberano pueda dar a luz a un monstruo peor del que ya tenemos.

De la forma como entiendo yo este asunto, algo así sería imposible.

Los hijos son el reflejo fiel de sus progenitores. Si son feos los padres, probablemente será espantosa la criatura.

Para los orgullosos papás, el animal será lo más bello del planeta. Es lo que suele ocurrir. El niño será hermoso, salga como salga. Aunque invente nuevos modos de convivencia, nuevas formas de organización territorial, nuevas estructuras de gobierno, nuevos y extraños derechos, etc.

La palabra del soberano se debe respetar. Todo lo demás debe estar sometido a ella. Todos debemos callar cuando habla.

Es hora de darle la voz al pueblo.

Me da a mí que ya está medio cansado de estar callado.

Franklin Díaz.-
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